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La columna de historia: La leyenda de la zurda indomable...

Por Alberto Moreno para "Boca es Nuestro"

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Dicen que nació un 9 de junio a orillas del Paraná, junto a las aguas barrosas donde reinan los sábalos. Dicen que la yugó de pibe, humilde de toda humildad, laburando desde los 11 años para que esa panza dejase de gritar hambre. Dicen que fue plomero, que vendió pasteles, que paleó asfalto, pero que sus ojos tenían un solo amor redondo. Y que esa pelota lo llevó a Colón, porque al fin de cuentas, laburaba con las manos pero era feliz con los pies. Dicen que vestido de rojinegro se presentó en público haciéndole un gol a riBer. Todo un presagio, porque esa zurdita diabla iba a tener una víctima favorita vestida de rojo y blanco. En Colón no podía durar, era demasiado veloz, demasiado picante, demasiado goleador. En su primer y único año sabalero metió 13 goles, así que se lo llevó Vélez…

Los fortineros lo amaron de inmediato. Y eso que al lado tenía a un tal Carlos Bianchi. O quizás por eso mismo: se empacharon de redes ajenas. Cuenta la leyenda que entre 1981 y 1985 metió 54 en 166 partidos y se consagró goleador del Nacional 1985 con 12 tantos. Ese año volvió a poner de rodillas a su víctima preferida, marcándole los tres goles en el 3-0 que metió a Vélez en la final del último Nacional de la historia. No sería el único, desde ya. En su paso por Vélez, le haría 5 goles a riBer. Quizás fue eso lo que llamó la atención de Boca, porque en julio de 1986 se puso la gloriosa casi en silencio. Su pase al Xeneize no levantó demasiado revuelo, de hecho fue por una cifra bajísima considerando que el tipo venía de ser el goleador del torneo un año antes. Mejor para nosotros.

Cuenta la leyenda que debutó en un amistoso con San Lamento, un 4 de julio de 1986, que terminó empardado en 2. Era el Torneo Rosario 86 y entró en el segundo tiempo por Staffuza. El partido se desempató por penales y él marcó uno para que Boca termine imponiéndose por 4-3. Jugó otro rato, esta vez ante Central, dos días después. Pero el debut importante, por los puntos, fue el 9 de julio y ante riBer, casi como un signo del destino. Con un raro “21” en la espalda, entró en el segundo tiempo para tratar de torcer el 1-1 como local por la primera fecha de la Copa Libertadores. No pasó nada. Y seguiría sin pasar demasiado en sus siguientes diez partidos en azul y oro. La zurda letal parecía haberse dejado la pólvora en Liniers…

Hasta la tarde del 7 de septiembre de ese año. El rival era Talleres y en el arco estaba Ángel David Comizzo, que habrá dicho pobrecitos, pero el pobrecito fue él, porque ese día se comió 5 en el Templo, dos de los cuales resultaron el debut en la red de Jorge Alberto Comas con la azul y oro. Y fue para no parar más. Hizo 7 goles en los siguientes 12 partidos, incluidos uno a San Lamento, uno a Indesingente, y sí, sí… uno a riBer. Gol que sirvió para ganar 1-0 y cortar una racha nefasta de 11 partidos (6 oficiales) sin poder derrotarlos. Era solo un aperitivo.

Dice la leyenda que si había alguno que todavía no creía en el poder de esa zurda letal, cualquier deuda de fe quedaría saldada en 1987. Porque aquel duende de un metro sesenta tenía el demonio del gol en el cuerpo. Y entonces empezó a meter goles sistemática, implacablemente. Uno detrás de otro. De todas las maneras, desde cualquier lugar. De media vuelta, de rebote, de cabeza o tiro libre. Gambeteando al arquero, picándola, o de caño. De zurda y de derecha. De penal o de córner. En el verano volvió a mojar contra riBer en aquel épico 3-3: metió el segundo de la remontada. Ya había hecho uno al Colonia alemán y otro al Spartak de Moscú en amistosos internacionales. De allí en adelante fue un asesino serial de redes. En aquel Boca de Menotti que se tuteó con la punta y el título después de cuatro años de no mirarlas ni de cerca, Comitas construyó la leyenda de la zurda indomable.  Le haría dos más a riBer en un 2-2 veraniego, y por el torneo metería 10 goles en 14 partidos. No alcanzó, pero no importó. 4 goles en 6 partidos en la Liguilla, más los dos que le robaron contra Independiente… Eran los ’80 y siempre nos metían la mano en el bolsillo contra el Bojo.

La segunda mitad del ’87 pareció ir de la mano con el rendimiento del equipo. Abandonado por Menotti, Boca anduvo a los tumbos en esa segunda mitad del año. Comitas, que se había cortado sus a esa altura míticas “cubanitas” parecía haber perdido fuerzas como Sansón. Pocos goles (apenas cuatro) y un penal errado en una derrota dolorosa con riBer nos hacían extrañarlo. Se ve que estaba juntando fuerzas, porque en el ’88 volvió recargado. En el verano metió dos goles olímpicos, uno a Racing .para empatarle con 8 jugadores-  y otro a riBer –para ganarle- que fueron la cuota en amistosos. Y el resto del año se mantuvo en la misma sintonía: torneo, Supercopa, Libertadores… A él le daba igual mientras hubiese una red para inflar. Ese año marcó 19 goles para que Boca remonte la desastrosa 87/88 y arranque la 88/89 con ilusiones de campeón.

Su último año, 1989, fue igualmente tremendo: jugó 27 partidos oficiales y metió 17 goles. Siete de ellos fueron por la Copa Libertadores en la que Boca no pasó de octavos; y el goleador del torneo fue Raúl Amarilla del campeón Olimpia con 10 tantos… Comitas se iría a mitad de año, tras la llegada de Aimar. El Cai cultivaba un pretendido modernismo en el que el goleador tenía que volantear y correr al lateral rival. Un despropósito. Así que se llevó sus goles a Veracruz. Lo que dejó fue un recuerdo imborrable. Un jugador inimitable, único, inolvidable, que hoy valdría millones. Metió 63 goles en 127 partidos (73 en 149 si contamos amistosos) en los tres años casi exactos que estuvo en el club, y fue el goleador del club en esas tres temporadas. 

Un héroe de tiempos en los que ganar una Liguilla y pelear la punta eran casi hazañas. Un tiempo en el que los hinchas eramos felices simplemente con ir a ver a Boca y si ganaba ni te cuento. En esos tiempos modestos, románticos, sufridos, nada mejor que escuchar a la voz del estadio asegurándonos que con la casaca número 11 estaba él, Jorge Alberto Comas, el de la zurda indomable.

Por Alberto Moreno para "Boca es Nuestro"



"Boca es Nuestro" Todos los jueves de 18.30 a 20.00 hs por Radio Ired. El equipo está conformado con Vanesa Raschella, Eduardo EliaschevClaudio Giardino en la conducción. Los columnistas que cubren las principales actividades de nuestro Club son Martín Marzolini en básquet, Vanesa Raschella en futbol femenino, Martín Herrera en fútbol profesional, Jacqueline Vezzosi en divisiones inferiores del fútbol masculino, Mariano Reverdito con el polideportivo y el invalorable aporte de Alberto Moreno recordándonos de dónde venimos en cada hecho histórico de nuestro Club. Con la producción general de Leo Zallio, Gabriel Martin, Fernando Burruso, Daniel Lubel Maximiliano Catanzano en diseño y gráfica.