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¿Gran técnico o uno más del montón?

Por Marcelo Rodríguez para el blog Corazón y pases cortos

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No quiero caer en la primera derrota. No quiero hacer leña del árbol caído. Pero si bien es cierto que Boca se convirtió, más allá de la derrota, en un equipo sólido, que sabe lo que quiere dentro de la cancha, y que sus jugadores se han mostrado a la altura de las circunstancias, los que me leen siempre, saben que para mí, Guillermo tiene una materia pendiente: tener la capacidad de dar vuelta un partido mientras el mismo se está desarrollando. Con una charla en el entretiempo, con cambios, con indicaciones. Y hasta ahora, yo no he visto ese partido. Si alguien lo vio, muy gustosamente lo leeré, pero pido lujos de detalles de ese acontecimiento que yo no vi.

Todos en Boca saben que la entrada de Barrios se debió a una cuestión fortuita y no por una decisión técnica consensuada, pensada, meditada… Cuando a Guillermo se le preguntaba por los colombianos (incluimos a Sebastián Pérez) decía que se tenían que aclimatar al fútbol argentino. Lo real es que cuando Boca comenzó a hacer agua, con dos centrales que eran la invitación al gol, apareció Barrios y arregló muchas cosas, entre ellas, liberar a Gago y a Pablo Pérez. Así y todo, cuenta la leyenda, que debieron convencer al entrenador para que no lo saque al colombiano.

El acierto de Guillermo fue bancar a Benedetto, pero habrá que reconocer que muchas cosas fueron casuales, que ayudaron al Mellizo a que se cristalice un equipo, que no es el que él siempre quiso.

Guillermo siempre creyó en un 433, un equipo que sea una flecha disparada a toda velocidad contra el arco rival. Ese es el juego de Guillermo, el que siempre quiso y seguramente en algún rincón de su mente, querrá.

Y si nos movemos un poco más, veremos lo que pasó en este libro de pases: Su fichaje fetiche era Pizarro, le terminaron trayendo a Cardona y ahora Edwin es titular inamovible. No digo que no deba jugar, al contrario, insisto que es un futbolista de calidad, discontinuo, que anoche cayó en la mediocridad junto al resto de sus compañeros.

El partido con Central fue la mejor oportunidad que Guillermo volvió a desperdiciar como entrenador de Boca, que tiene la potestad desde su lugar de variar el destino del encuentro. Pero no. No sólo el conjunto no  salió con otra actitud en el segundo tiempo, tampoco se vio que desde el banco se haya motivado algún cambio, algún movimiento para mejorar a los once que estaban dentro de la cancha.

Nunca pasó lo que tenía que pasar en el momento indicado. Los cambios eran cantados. Boca necesitaba a un tal Maroni que ni siquiera estaba en el banco. Necesitaba un Bouzat, que le diera frescura al ataque; se necesitaba un Nández o un Benítez por un desprolijo Pablo Pérez, que tuvo una de sus peores noches desde que está en Boca.

Pero no. Los cambios llegaron tarde o muy tarde. Tan tarde fueron que los últimos cinco minutos de juego Boca llegó más veces y con más claridad que en todo lo que hizo durante el encuentro entero.

Lamentablemente, Guillermo que se lleva muchos laureles de lo conseguido, con o sin justicia, sigue sin mostrar que desde el banco tiene el poder de dar vuelta el destino de un partido. No es Dios, pero los grandes entrenadores intentan y muchas veces con éxito, dar vuelta una historia desde sus propias decisiones.

 

Por Marcelo Rodríguez* para el blog Corazón y pases cortos (Siempre Boca)

* Marcelo Rodríguez es periodista acreditado en Boca desde hace más de 20 años. Autor del libro "Con Alma y Corazón". Trabaja en el diario Crónica, escribe en Don Balón y fue uno de los puntales de Informe Xeneize. También trabajó en El Cronista Comercial, La Razón y Diario Popular. Y además en la inolvidable Asi es Boca.

Foto: Ole