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La opinión de los hinchas

Les dejamos 3 notas que nos envían gentilmente nuestros amigos Agustín Rombolá @agustinrombi, Jorge Mancho y Jorge Marchena @JorgeMarchenaR

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Son 3 notas que ponemos en un solo post, porque creemos que es un buen momento para ir cerrando, al menos por ahora, el tema Riquelme. Tenemos que poder mirar el futuro concentrando energías en lo que se viene en Boca, en lo deportivo y sobre todo el gran desafío que hay por delante para que entre todos podamos hacer un club muchísimo mejor que este de hoy de estos dañinos AntiBoca furiosos que conducen, y que le van a dejar a quien gane las elecciones del 2015...

Las notas:

Gracias por tanto, Román. Eternamente, gracias.

Me tomé algunos días para escribir esto. Es que en las horas anteriores, no podía -ni quería- creer que te voy a ver con otra camiseta. El 20 de julio de 2014, mi pesadilla más grande se confirmó. Y, si escribía con todas esas emociones a flor de piel, esto se iba a tornar más desprolijo de lo que es ahora.

Mi primera respuesta a este escenario de terror fue la de pedirte perdón. Porque no hicimos lo suficiente aquellos que te queremos, que queremos lo mejor para Boca y que siempre vas a estar arriba de todo en nuestros corazones. Porque no verte más en el patio de tu casa es un dolor que podríamos habernos ahorrado. Y que, lamentablemente, tal vez porque no creímos que este día iba a llegar, o porque no nos imaginábamos que esto era posible, lo dejamos pasar.

"¿Sos hincha de Riquelme o de Boca vos?", me preguntan varios. Y yo, lo único que hago es sonreírme. Pero es una sonrisa rara. Es una sonrisa de felicidad y de pena, a la vez. Felicidad, porque siento que hago las cosas bien cuando la gente se da cuenta que siempre tengo tan presente al máximo ídolo. Y pena, porque esa pregunta es un claro indicador que ellos no tienen un ídolo así. Que no lo sienten. Y que nunca lo sintieron.

Lo que no entienden, muchachos: Riquelme ES Boca. Y Boca ES Riquelme. El uno y el otro están tan intrincados y se dieron tantas cosas mutuamente; que se confundieron en un sentimiento equivalente; como sucede con tantos hombres, bosteros desde la cuna, que marcaron la historia de este club (y de esta sociedad, no tengo dudas) para siempre.

Pero Román, incluso, es más que esto. Es un mensaje. Un símbolo. Un emblema de los que no queremos transar con el poder de turno, ni quiere ver a otro que lo haga. Es el que lleva la bandera de aquellos que no toleramos negociados con delincuentes, y después lleva un doble discurso al público. De los que añoramos a las personas frontales, directas y sin tapujos para expresar sus sentimientos. De los que admiramos a los que se aferran a su propia identidad, y nunca olvida de dónde vienen. Y, por supuesto, de los que creemos que a cada trabajo en la vida, se le puede agregar esa cuota de belleza que él nos regala con su talento, día tras día.

Podría estar horas y horas hablando de lo que significa Román para mí. Pero no quiero extenderme; mi intención no es esa. Hice este video, en homenaje a él, contando la hermosa historia que es su carrera; de lo que siente él por nosotros, y nosotros por él. Pero también fue hecho para cada uno de los hinchas de Boca, que en algún momento del camino, olvidaron que Román es uno de nosotros. Y que siempre lo va a ser. Por eso les pido que todos hagamos un pacto para vivir. Que consista en amar, apoyar y cuidar a nuestros ídolos. Que rechacemos a aquellos que nos quieren robar la identidad. Y que tengamos presente que unidos somos invencibles.

Hoy, este video tiene el fondo negro. No hay motivos para que sea de otro color. No hay nada que festejar. Todo lo contrario: es y será un dolor interminable verte estos 18 meses con otra camiseta; que no sea la del club de tus amores. Sin embargo, me voy a aferrar a la esperanza de verte, aunque sea una vez más, con la azul y oro puesta. Esperando que me hagas reír de la admiración y llorar de la felicidad; como sólo Boca sabe hacer. Y vos sos Boca. Te espero en el patio de tu casa.

Gracias por tanto, Román. Eternamente, gracias.”



Agustín Rombolá (@agustinrombi)


Riquelme, el último ‘enfant terrible’.

Román es el auténtico niño terrible que no se vende y eligió irse de Boca para no ser cómplice de su deterioro. Pocos entienden que su salida fue para hacerle un bien al club.

Escribe Edgardo Martolio.

Juan Román Riquelme nos hace olvidar del Mundial antes que el propio olvido lo archive con justa razón. Podríamos hablar meses de esta Copa, escribir miles de textos, a favor o muy críticos, de lo nuestro y de lo ajeno. La tentación es grande, los temas infinitos y las polémicas a gusto del consumidor. Pero allí está Román, ‘l’enfant terrible’, sepultando cualquier otro asunto del vasto universo futbolero. Su nombre me sabe a hierba, como cantaba Serrat, pero a hierba de potrero, raleada, siempre poca porque se la pisa mucho, rara. Como él.

Riquelme, a sus 36 años, es uno de los hombres más fieles a sí mismo que el presente nos legó. No se traiciona ni siquiera por Boca, su gran amor. El ‘Romi’ es el ‘Romi’. El que va y el que viene, pero siempre sobre una misma línea recta. Coincidiremos con él o no, como cuando renunció a la Selección de Maradona, pero siempre merece el respeto de los que todavía respetamos cualquier rasgo de coherencia que sobreviva en las demolidas adyacencias de ese barrio que un día se llamo ‘valor’ y hoy ‘desconsuelo’.

Es el auténtico ‘enfant terrible’, porque no se entrega. No se vende. Quiere tanto a Boca que lo deja porque no puede ser cómplice de su deterioro, ese que viene descascarando el oro bien allí donde empieza a aparecer el simple amarillo. Ese que de azul intenso una tarde se mostró rosa. Para Riquelme hay un solo Boca, el de la jerarquía máxima. Que no es este. Aunque lo represente Bianchi, Carlos Bianchi el técnico más ganador de su historia. Pero Bianchi no es Boca, si hasta fue River. Riquelme es Boca y en una sola pieza. Sin costuras, parches, pegamentos, nudos, remiendos o ataduras. Y tal vez por eso, hoy, uno no hable del otro.

Así, y ya que estamos con Serrat, Román cantó aquello de “Porque te quiero a ti / porque te quiero, / cerré mi puerta una mañana / y eché a andar. / Porque te quiero a ti / porque te quiero, / dejé los montes / y me vine al mar”. El mar del ‘Romi’ no hace olas, es un mar tranquilo, pero profundo en su esencia futbolística, se llama Argentinos Juniors; es un mar conocido, especialmente para él, porque allí aprendió a contemplar el fútbol que le gusta jugar, el de pelota al pie, el pase preciso, la jugada abonada al talento, sin pelotazos, siempre por abajo. Ese mar no está en los Atlas, es un club de La Paternal porteña que por ser de tan pocos es de todos. Por lo menos de todos los que queremos al fútbol, el que antes de ser un negocio fue un juego. De hombres, de divisas a defender, de hombres, de honores en disputa. Argentinos conserva algo de eso aunque no haya escapado al manoseo de algunos oportunistas.

No todos entienden que Riquelme se va para hacerle un bien a Boca.

Allí volvió Riquelme, para mirar al costado y verlo al Bichi Borghi dirigiendo al equipo. Pidiendo lo que en otros clubes no se pide más: “¡jueguen, jueguen!”. Todo cierra perfecto. Tal vez Román no hubiese vuelto al club que lo vio surgir si este continuase en Primera División. Porque el fixture lo hubiese enfrentado a Boca. En la décima o en la vigésima fecha, pero en algún momento lo hubiese confrontado a los colores que ama. Puede suponerse que descartó a Tigre, el que –creo- queda más cerca de su casa, porque con Tigre no hubiera podido escapar de ese compromiso ingrato. Porque, ¿y si hubiese que patear un penal? Es un profesional, lo metería. Fácil decirlo, pero a la noche hay que dormir. A la mañana siguiente su hijo también se lo reprocharía; claro, si los Riquelme son todos de Boca. Los diarios usarían ese penal para titular su edición del lunes. En su coherencia no hay dudas, en su instinto no existen las grietas.
Riquelme me hizo ver a Boca más veces de las que me imaginaba.

Seguramente muchos hinchas de Boca ya olvidaron todo lo que le dio al club y a ellos mismos, las 3 Libertadores, los 12 títulos en total y las cien jornadas de éxtasis, y no se contentan con su viaje a La Paternal. Si pronto lo insultan o ningunean no lo habrán merecido. Así es la vida. No todos entienden que el ‘enfant terrible’ se va para hacerle un bien a Boca. No apenas porque ya no está para entrenar como exige la Primera ‘A’, ni por problemas de contrato, si en Argentinos va a ganar mucho menos y se pierde de jugar alguna Copa y de aumentar sus récords. Simplemente no quiere ser compinche de la nada, de ese vacío que hoy habita el club y no lo llena ni desaloja el propio Riquelme. Da un paso al costado. Hay que aplaudirlo. El buen boquense debería continuar cantando a Serrat: “Porque te quiero a ti / porque te quiero,/ aunque estas lejos / yo te siento a flor de piel”.
Como buen y eterno ‘enfant terrible’ Román nació y morirá un tanto bohemio, contracultural, inconformista, idealista, de espíritu libre, cabeza dura también, rebelde con causa, iconoclasta, individualista y preferentemente solitario. Adentro de la cancha y afuera de ella, dicen que esa, su naturaleza, se aguza en los vestuarios, en la intimidad del grupo.

Sin dudas está más cerca de Zlatan Ibraimovic que de Messi, si queremos compararlo con el temperamento de otros genios del fútbol. Pero no es ninguno de los dos, es Riquelme, con sello propio, marca registrada. Un crack que me hizo ver a Boca más veces de las que me imaginaba; un ídolo que infelizmente ya no creo pueda vestir la camiseta de mi Racing; un rival que por suerte Dios alejó de Independiente (con Bochini ya tuvimos bastante), un diez que pudo haberle dado más a la Selección si se lo hubiese entendido. En suma, un jugador para admirar, un talento para imitar y un tipo para respetar.

Aunque ‘enfant terrible’ (niño terrible) es una expresión francesa, los entendidos discuten si quien primero la utilizó fue el tercer presidente americano Thomas Jefferson en una carta a su compatriota y arquitecto Pierre Charles L’Enfant –porque así se llamaba– o el escritor ruso León Tolstoi en su obra más conocida, Anna Karenina, al colocarla en boca de la Princesa Betsy Tverskaya para definir a otros dos personajes, Liza Merkalova y la propia Anna.
A nosotros no nos importa nada de eso, como tampoco nos importa si el primer jugador a encajar en esa descripción fue Enrique Omar Sívori o, antes, Heleno de Freitas; nos importa que el último crack a encarnar un auténtico ‘enfant terrible’ es Juan Román Riquelme. Y quien quiera verlo tendrá que seguir la campaña de los Bichos Colorados en la B Nacional. Perdérselo será un pecado imperdonable.
Más allá de los resultados que consiga el equipo de Borghi (espero que sean los mejores), es obligación de cualquier amante del buen fútbol no perderse el adiós de una de las últimas leyendas del fútbol nacional. Hay que ir a verlo como íbamos a ver a Talleres de Remedios de Escalada cuando allí recaló Pinino Más en los ochenta.

Riquelme no solo se va de Boca para ayudarlo, ni tampoco vuelve a Argentinos Juniors sólo por gratitud; Román arriesga el amor de muchos boquenses y su reputación histórica actuando en un club que puede ir mal en la segunda categoría, porque –además de todo aquello–, quiere volver a jugar el fútbol que más siente, el que nos gusta a todos; quiere tirar caños, ensayar jugadas imposibles sin poner en riesgo nada importante. En el fondo lo que quiere es ser feliz y sabe que allí, adonde está desembarcando, puede serlo porque allí ya fue feliz cuando más feliz se puede ser, en la infancia. Y eso no tiene precio… Como concluiría Serrat “tu nombre me lleva atado / en un pliegue de tu talle”.

(*) Director Perfil Brasil, creador de SóloFútbol y autor de Archivo Final

Enviada por Jorge Mancho


Retomemos el camino.

Desde muy chico siempre me enseñaron que en el camino de la vida me encontrará con tropiezos, malos momentos, decepciones y demás situaciones, pero, lo más importante era saber levantarse con la cabeza en alto, trabajar sin cansancio para en un futuro sonreír y recordar que tal vez sin esa caída, nunca hubiéramos llegado a la meta.

Bien, tras la polémica salida de Riquelme del club y hablando exclusivamente de lo deportivo, Boca tiene que encontrar nuevamente el rumbo, la línea del éxito de la cual nos desviamos, esa misma a la que Carlos Bianchi nos acostumbró. No se puede seguir mostrando algo más del triste equipo que hemos visto en el último tiempo, donde para desgracia de algunos, Riquelme salvó muchas tardes y calmó la tempestad por momentos.

Nombres van, vienen y ofrecen por montones, cientos de apellidos y pocos los elegidos y dignos de vestir la camiseta, sin embargo, el mejor refuerzo que Boca puede tener, es el resurgimiento de Bianchi, en él se posan las ilusiones de ver jugadores con un pensamiento diferente al mostrado en el último año. El reciente mundial, demostró que los apellidos no te ganan partidos, si lo hace, la entrega, sacrificio, el hambre de gloria por títulos, por dejar tu nombre como jugador en la inmortal historia de Boca y decir con orgullo “Yo fui campeón en Boca como jugador, soy parte de aquellos que nunca serán olvidados la gente”.

Es el momento de que retomemos el camino en lo deportivo, las herramientas las hay, La Bombonera y los millones de hinchas gritan con ansiedad el deseo de títulos y ratificar porque es el club más grande de la Argentina.

Por: Jorge Marchena R.